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VIVENCIAS Y REFLEXIONES EN TORNO A TIERRA DE CAMPOS . MARIA LUISA BLANCO VALDIVIESO

VIVENCIAS Y REFLEXIONES EN TORNO A TIERRA DE CAMPOS . MARIA LUISA BLANCO VALDIVIESO

DELEGACIÓN DE VALLADOLID - Mª LUISA BLANCO VALDIVIESO

VIVENCIAS Y REFLEXIONES EN TORNO A
TIERRA DE CAMPOS 

    En la reseña que con este mismo título aparecía en el mes de noviembre, anunciábamos para un próximo número el comentario sobre los palomares, testigos mudos y silenciosos del devenir de la historia.
Cientos de ellos, desde la época romana, sirvieron de ayuda a la economía familiar. De infinitas formas, se puede decir que no hay dos iguales. Unos son circulares, cual enanas plazas de toros, o cuadrados, como ventas del camino; otros alternan caprichosas formas que recuerdan palacios árabes, chozos africanos o pagodas orientales, zigurat mesopotámicos. Blancos, marrones, rojizos. Por mucho que se parezcan, cada cual tiene algo que le diferencia del otro. De este a oeste, los palomares se vislumbran por pueblos y caminos. Algunos están impolutos, capricho de su propietario que los cuida con mimo

Dos provechos han tenido los palomares tradicionalmente: por un lado, la cría del pichón, y por otro, la palomina, uno de los mejores abonos conocidos. Hasta estas tierras venían los levantinos que se llevaban por toneladas el excremento para los naranjos. Hoy ya nadie la utiliza.

En cuanto al pichón, es el plato típico de la zona. En la actualidad se compran en granjas, como la de Mayorga. De ahí pasan al matadero de Cuenca de Campos para repartirse por toda la región. Es allí donde se surte también Alfonso Fierro para preparar en su restaurante, estrella del Bajo Carrión, en Villoldo, el exquisito manjar, entre otros muchos. Este discípulo de Berasategui ha decidido quedarse en su tierra y hacer del restaurante de su familia el centro de la cocina de Tierra de Campos. Con sólo 28 años, no es que este chef no se ha ido de su pueblo, de apenas cien habitantes en invierno, sino que ha conseguido atraer a gentes de toda España que acuden para probar sus imaginativas recetas. Su próximo experimento: un risotto con pichón.

 


A modo de nichos

La estructura de los palomares se compone de un patio interior y de ahí parten diferentes muros hasta el exterior, muchos están medio derruidos ante la falta de atención, de uso y de dinero para su restauración, a pesar de las subvenciones que se otorgan para mantenerlos en pie. Así, de forma impúdica, nos muestran sus intimidades. Estos muros tienen multitud de agujeros a modo de nichos, llamados pateras o buracas, que son los hogares de las palomas. Desgraciadamente, el cambio de uso de coqueto palomar a simple cuarto de trastos está siendo demasiado frecuente. El adobe cede hasta que el palomar se funde con la propia tierra que lo originó.

No es el palomar el único referente dentro de la arquitectura popular de Tierra de Campos. Las bodegas, excavadas en las profundidades de estas tierras desde tiempos inmemoriales, son usadas por las familias para merendar, para abrigarse del frío en los duros inviernos y resguardarse de los calores del verano. Vistas desde fuera, forman un original paisaje capadocio. Por dentro, las oscuras escaleras parecen llegar al mismo infierno. Algunas están, cómo no, casi derruidas por el peso de las nevadas y la falta de cuidados. 

CONSERVACIÓN

En los años ochenta se inició un movimiento de recuperación de palomares impulsado por el entonces alcalde de Medina de Rioseco, Manuel Fuentes. Gracias a su sensibilidad, se iniciaron programas de concienciación y recuperación del símbolo de la Tierra de Campos. A través de la creación de grupos, compuestos por escultores, pintores, arquitectos y escritores, entre ellos, Miguel Delibes, se dio una llamada de atención, chispa que prendió en muchos terracampinos, que continúan su lucha en la conservación de este patrimonio.

José Antonio Carbajo, de Meneses de Campos, tiene por hobby hacer reproducciones en cerámica. Comprendió que los palomares se perderían ante la falta de interés de los más jóvenes y de los organismos públicos. Y quiso que no fuera así. Tiene en la actualidad unos 190, no sólo de los que aún existen, sino también de los que él recuerda que existieron. Su obra está expuesta en el Centro de Interpretación Tierra de Campos, en Paredes de Nava, pueblo que vio nacer a Jorge Manrique, a Pedro Berruguete – sus cuadros pueden verse en la iglesia de Santa Eulalia- y a su hijo Alonso. Incluso han traspasado las fronteras gracias a un grupo de artesanos de este mismo municipio que han exportado 18.000 palomares de cerámica a Japón.

Los palomares acompañan al viajero por esta Tierra de Campos. Cobijan con su sombra las orillas del Camino de Santiago y le recuerdan al Canal de Castilla que no sólo él ha dejado de ser útil. Solitarios o en grupo, en la tranquilidad de pueblos casi deshabitados como Otero de Sariegos o en un bullicioso parque de Palencia, sus hermosas estructuras despiertan admiración. Al menos, el palomar sigue repleto de palomas, esa ave tan denostada en las ciudades que recupera en estos páramos su simbología de paz, condición tan frágil como el adobe de esta destronada Castilla.

        Fuente sobre los palomares: EL MUNDO
                                                                   WUIQUIPEDIA 

DIFERENTES  EDIFICACIONES DE PALOMARES

 

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LNTERIOR PALOMAR DERRUIDO


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HERRIN DE CAMPOS

 

 

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