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¿VALEN LOS VOTOS EN EUROPA? 

Angel S Quesada - 15 de noviembre de 2011 Article Rating Comentarios (0)


30. ¿VALEN LOS VOTOS EN EUROPA?


En los últimos días hemos asistido a un hecho insólito. La caída de los gobiernos de dos países europeos, democráticamente elegidos, obligados al parecer por la presión de los mercados financieros.

Podrá decirse que ni Grecia ni Italia contaban con gobiernos sólidos y que las insinceridades de uno y las veleidades de otro los habían socavado tanto como para tener que pensar en adelantar los comicios. Pero la solución ha sido otra. En ambos casos, a toda prisa, se ha forzado la dimisión del primer ministro y se ha designado a un técnico de prestigio para presidir un gobierno “provisional”, faltaría más, de consenso para sacar al país del atolladero económico en que se encuentran.
Mario Monti en Italia, antiguo comisario en la UE (Unión Europea)  y Lucas Papademos en Grecia, anterior ex vicepresidente del BCE (Banco Central Europeo) han sido los prestigiosos personajes designados para ocupar el cargo de los presidentes dimisionarios con la misión de resolver la difícil situación financiera en la que se encuentran sus respectivos países, endeudados hasta las cejas.  
Hasta aquí los hechos, sorprendentes por inusuales y por su coincidencia en el tiempo, hechos que abren nuevos interrogantes y que nos suscitan más de una pregunta.

 ¿Quién o quienes han forzado la caída de esos gobiernos? ¿Ha sido acaso ese ente etéreo e impersonal que cada vez manda más en todo el mundo y que se conoce como “los mercados financieros”? ¿Han sido las autoridades de la UE, quienes al ver el Euro en peligro, lo han puesto como condición para seguir ayudando a las maltrechas finanzas de esos países a la vista del reiterado incumplimientos de sus recomendaciones? ¿Ha sido la banca mundial que de esta forma busca aliviar la incertidumbre sobre el pago de la cuantiosa deuda acumulada por Grecia o Italia, a la que se suma la de los demás países de la UE?

Cualquiera que sea la respuesta lo que ha sucedido es de lo más que inquietante. Es tanto como decir que el poder, la soberanía, como se dice en las constituciones de los países democráticos ya no reside en el pueblo, en los ciudadanos. Ya no son ellos los que deciden su destino. Quienes mandan son otros. ¿Los mercados financieros tal vez, la banca mundial, las multinacionales, los tecnócratas de los organismos supranacionales? Lo cierto es que unos o todos le han hurtado al pueblo su soberanía.
Pero hay otra pregunta aún más inquietante. ¿No habrá sido todo un espejismo? La soberanía nunca estuvo en el pueblo, en los ciudadanos. Siempre estuvo en el mismo sitio: En los ricos, en los poderosos, en la banca, que en algún momento, como el que da un caramelo a un niño para obtener su sonrisa y su complacencia, nos hicieron creer que la soberanía, el gobierno de los pueblos estaba en nuestros votos.
Si así fuera, qué ilusos hemos sido, nos lo habíamos creído, y a la primera dificultad nos han arrebatado el caramelo y nos han endosado todos los problemas, esos que crearon ellos mismos y en los que nosotros no hemos tenido ni arte ni parte.

 


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