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LA DEUDA DE LOS AYUNTAMIENTOS

- Angel S Quesada

¿HASTA CUANTO PUEDE ENDEUDARSE UN AYUNTAMIENTO?

Estos días se ha hablado mucho de la deuda del Ayuntamiento de Madrid. La cosa salió a la luz el 12 de Octubre cuando en pleno Desfile de la Hispanidad el Edil de la Capital del Reino se dirigió algo alterado al Presidente del Gobierno. Luego hemos ido conociendo más datos de este preocupante asunto.
Resulta que el Ayuntamiento de Madrid debe más de siete mil millones de Euros cuando sus ingresos anuales no llegan a cinco mil millones. Es decir lleva gastado de más los ingresos de casi año y medio.
Muchos ayuntamientos en España están endeudados pero ninguno en la proporción del de Madrid. El límite legal de endeudamiento hasta hace poco era el 110 % de su presupuesto (antes el 75 %), una exageración, desde mi punto de vista ya que según esto se les permite que deban más de lo que ingresan en un año. O sea algo así como que usted y yo pudiéramos gastarnos el sueldo de todo el año que viene y nadie nos dijera nada, incluso nos aplaudiera. ¡Inaudito!
Pero la cosa va a más. Como muchos ayuntamientos por eso de la crisis bordeaban y superaban ese límite, el Gobierno acordó hace poco elevarlo al 125 %, pero aún así hay algunos que lo superan y el de Madrid se lleva la palma. Podría refinanciar la deuda, aplazarla, pero eso la haría crecer y el gobierno ha dicho que no, que no se pueden hacer excepciones. Las lecturas a esa decisión son muy variadas, casi todas con un cierto sesgo político, pero lo cierto es que el problema está ahí y alguien debería hacer algo para resolverlo.
Y uno, que es un ingenuo, se pregunta: ¿Cómo es posible que los ayuntamientos se endeuden hasta esos gigantescos límites y no pase nada? De donde proceden las deudas está más que claro. De una política de gasto desbocada que se ha enseñoreado de nuestras administraciones públicas y que será muy difícil erradicar. Todos dicen lo mismo. El ciudadano se lo merece todo y por aquello de ganar votos, los ayuntamientos amplían sus servicios, construyen parques y jardines, polideportivos, casas de cultura, centros de arte, remodelaciones urbanas y un largo etcétera. Todo es perfecto pero a alguien se le olvidó una cosa elemental. Esos servicios tan beneficiosos para los ciudadanos ¿se pueden pagar? ¿Tenemos recursos para ello? Porque no solo están las inversiones, luego quedan los gastos de funcionamiento. Mucho nos tememos que pocas veces se hayan hecho los estudios de viabilidad financiera a largo plazo para esos proyectos y claro, a la menor dificultad que aparece, y la de ahora no es por cierto menor, los ingresos bajan y la deuda se dispara.
Todo esto no hubiera sucedido si nuestra manga del endeudamiento y del crédito no hubiera sido tan ancha y si nuestra tolerancia con los que gastan más que ingresan no fuera tan generosa. Este comportamiento de nuestros políticos gastosos nos lleva justo a lo contrario de lo que ellos pretenden. Si reiteradamente se gasta más de lo que se ingresa el resultado es un empobrecimiento porque a los gastos normales habrá que añadir el de los nuevos servicios y el coste creciente de la deuda.
Esto deberían saberlo los políticos cualquiera que fuera su signo y aquellos que no lo cumplieran lo menos que se podría esperar es que perdieran la confianza de sus votantes y de sus dirigentes, pero sería bueno que llegase el día en el que ese comportamiento irresponsable estuviera contemplado en el código penal. Cuando eso suceda habremos conjurado muchos de los problemas de nuestra sociedad.
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