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Excursión a Palencia

Excursión a Palencia.-

                El día 16 de noviembre tuvo lugar por fin la proyectada visita a Palencia. Esta vez era para conocer el Museo Diocesano y la Catedral. El día era espléndido y la ciudad nos recibe con uno de sus característicos cielos despejados y luminosos.

Comenzamos por el Museo Diocesano. Está instalado en varias de las dependencias del palacio episcopal, edificio construido en el siglo XVIII con marcadas reminiscencias herrerianas. En él se muestran una gran colección de retablos, imágenes exentas y pinturas que abarcan del Románico al Arte Contemporáneo. La mayor parte de las obras allí expuestas provienen de iglesias y ermitas de diferentes poblaciones de la  provincia. Pueblos cuya población ha desaparecido o ha sufrido una gran pérdida de habitantes. Precisamente uno de los objetivos por los que se crea el Museo en 1973 fue la necesidad de salvaguardar el valioso patrimonio artístico que la religiosidad de las generaciones anteriores fue atesorando hasta en los más humildes pueblos.

Son muchos los artistas cuya obra está allí representada. Son de destacar los nombres de  Pedro Berruguete, Alejo de Vahia, Felipe Vigarny, Mateo Cerezo, Luis de Morales o el introductor del paisajismo realista en España, Carlos Haes.

Como disponemos de tiempo, antes de  a comer vamos al Sotillo que en esta época del año ofrece un aspecto muy romántico con los colores otoñales de los Castaños de Indias y los Chopos. Es uno de los numerosos parques que hay en la ciudad y proporcionan agradables paseos a sus habitantes. Situado enfrente del palacio episcopal al otro lado del río Carrión, accedemos a él atravesando  el puente de origen romano conocido como Puentecillas.

Por la tarde visitamos la catedral apodada “La bella desconocida” y ahora renombrada “La Bella Reconocida”. Efectivamente, contrasta el exterior más bien sencillo y austero, si exceptuamos el ábside, con la magnificencia del interior.

De cinco puertas, se accede por la Puerta de los Novios llamada así porque ante ella se celebró en 1388 el matrimonio del príncipe de Castilla Don Enrique, hijo de Juan I con doña Catalina de Lancaster poniéndose fin, de este modo, a las disputas dinásticas entre los herederos de Don Pedro I y Enrique II. Ese mismo año concedía el título de Príncipe de Asturias el rey a su hijo.

Pero la catedral de Palencia no es una construcción “ex nihilo”.

 Siguiendo un orden cronológico, la parte más antigua es la Cripta de San Antolín. El rey Wamba mandó levantar una basílica para sepultura de los restos de San Antolín traídos de Francia en el 672. La cripta está soterrada hoy bajo el coro de la catedral y consta de dos tramos. El más antiguo pertenece a la época visigoda, resto de un edificio más amplio. Conectada a esta nave visigoda se halla la otra cuyas características responden a los inicios del siglo XI. El lapso de tiempo entre ambas correspondería a la despoblación causada por la invasión árabe.

Según la tradición fue el rey Sancho el Mayor de Navarra (1004-1035), conde de Castilla por su matrimonio con Doña Mayor, quien restauró la sede episcopal y la ciudad. El relato aparece recogido por primera vez en el siglo XIII por Rodrigo Ximenez de Rada quien refiere que estando el rey Don Sancho de caza, persiguiendo un jabalí penetró en pos de la fiera en el seno de una cueva. Al pretender herirla con su venablo se le quedó el brazo paralizado repentinamente. El monarca observó que el animal se había refugiado tras la imagen de un Santo y que la gruta era un templo derruido y abandonado. Arrepentido de su involuntaria profanación recobró la fuerza de su brazo y como acción de gracias por la milagrosa curación decidió reconstruir y engrandecer aquella iglesia. La leyenda está plasmada en los flancos de la escalera.

En el tramo primitivo se encuentra al fondo la triple arquería de arcos de herradura sobre columnas y capiteles romanos. La ampliación románica de la cripta es de unos 15 metros de largo por 6,5 de ancho y está cubierta por bóveda de cañón reforzada con arcos fajones apoyando lateralmente en un banco corrido como la Cámara Santa de Oviedo.

Lo cierto es que a partir del retroceso de los musulmanes en estas tierras los reyes de León y Navarra se disputarán los antiguos Campos Góticos haciendo de la antigua Pallantia un objeto preciado de posesión. Unos y otros decidieron restaurar la antigua sede episcopal y para ello concedieron generosos privilegios Sancho III el Mayor de Navarra, Vermudo III de León y especialmente Fernando I el Magno primer rey de Castilla que estableció su corte en Palencia. El Privilegio de Fernando I en 1059 viene a fijar las anteriores donaciones y además amplía y deslinda los límites del obispado palentino con respecto a Burgos y León. Era obispo don Myro. Se le concede el señorío dela ciudad de Palencia y de muchas de las villas dela provincia y algunas de Valladolid.

De la catedral románica sabemos que a principios del siglo XIII estaba terminada pues así se cita en una bula pontificia del año 1218 del Papa Honorio III. Los únicos restos que vemos son el sepulcro de doña Urraca hija de Alfonso VII y mujer de García Ramírez de Navarra, de 1189. Unas columnas románicas de la Capilla Mayor con decoración vegetal y la reja románica de la misma capilla.

La catedral gótica se comienza de forma solemne el 1 de junio de 1321 Y se dilatará durante varios siglos De cruz latina con tres naves es la tercera catedral más grande de España.

                Pueden distinguirse  tres grandes fases: la inicial en la que se construye el ábside en el que se disponen siete capillas siendo la primera la de la Virgen Blanca llamada así por contener una imagen de esa advocación a imitación de la de Toledo con la típica inclinación que recuerda el origen marfileño de estas imágenes. A comienzos del siglo XV Don Sancho de Rojas costea la construcción definitiva de la Capilla Mayor hoy capilla del Sagrario bajo la dirección del maestro Ysambart que traza la bóveda angrelada que divide en altura el primitivo ábside principal. El retablo es de del primer tercio del sglo xvi en el estilo de Vigarny, Siloé y Valmaseda.

Una segunda fase se desarrolla en los años centrales del siglo XV. Al transcurrir tanto tiempo van cambiando los gustos artísticos. El nuevo obispo, D. Gutierre de Toledo quiso modificar y ampliar el nuevo plano. El encargado de tal fue Gómez Díaz de Burgos. La ampliación se hizo trasladando dos tramos más atrás la nave transversal o crucero lo que supondrá plantear una nueva capilla mayor.

Es a partir de 1475 cuando la catedral experimenta el impulso constructivo definitivo. Durante cuarenta años se sucederán las obras en las que se construyen las tres cuartas partes que faltaban al edificio. Los responsables de ello son los obispos. Diego Hurtado de Mendoza, Alonso de Burgos, Diego de Deza y Rodríguez Fonseca. Los más insignes son Alonso de Burgos y Rodríguez Fonseca.

                Fray Alonso de Burgos (1486-1499), dominico, confesor de Isabel I y gran humanista, mecenas de muchas obras (colegio de San Gregorio de Valladolid) Coincide en esta época Doña Inés de Osorio que al morir sin hijos en 1492 lega una gran cantidad y las rentas con las que se pudo levantar la mayor parte del crucero. Está enterrada en el lado izquierdo de la capilla del Sagrario en un sepulcro de los de tipo yacente con la doncella a sus pies, doncella que ha sufrido en su trenza los tirones de generaciones de estudiantes palentinos esperando su ayuda en los momentos críticos de fin de curso.

El arquitecto encargado de las obras a partir de 1488 es Bartolomé Solórzano el primero de la saga, oriundos de la Montaña.

A  Rodríguez Fonseca (1504-1514) se debe la terminación de la Puerta del Obispo o Santa María; la remodelación del retablo de la Capilla Mayor uno de los primeros en adoptar el estilo renacentista. Se compone de cuatro pisos divididos en nueve calles, entablamento y ático de remate, con esculturas en las veintiocho hornacinas y pinturas. Las pinturas, de Juan de Flandes, pintor de la reina Isabel y las esculturas de Alejo de Vahía, Vigarny Valmaseda y Gregorio Fernández. Y el trascoro en el que se combinan magistralmente las formas del gótico final con el Plateresco. En el centro el políptico de los Siete Dolores de la Virgen encargado por Fonseca en 1505 en Flandes a Jan Joest de Calcar. Sobre las armas de Fonseca (cinco estrellas sobre fondo dorado) el de los Reyes Católicos, y en las calles laterales, San Bernardo a los pies de la Virgen, el martirio de San Ignacio de Antioquía y estatuas de santos.

Dentro del Museo catedralicio, situado en el local de la antigua sala capitular podemos contemplar el Díptico del Calvario de Pedro Berruguete. El grupo de Santa Ana la Virgen y el Niño de Alejo de Vahía grupo que refleja las principales señas de identidad del maestro: emociones contenidas y tipos nórdicos. Quizás la más conocida sea la obra pictórica de El Greco, un San Sebastián considerada como una de las primeras obras pintadas por él en España imbuida aún de las formas hercúleas que imperaban en el manierismo romano de la época.

Pero todo esto no es más que una ligera aproximación a los tesoros artísticos que contiene la catedral de Palencia por lo que requiere de sucesivas  visitas para poder hacernos una mejor idea. A este respecto existen unas visitas temáticas al mes que nos permiten conocer y saber más y por lo tanto disfrutar de ella mejor.

 

 

 

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