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El Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid

    Gracias al empeño e iniciativa de nuestra vocal de Cultura, Marisa, estamos descubriendo y conociendo rincones y monumentos 

    de Valladolid que, hasta ahora, como dicen con localismo típico de esta tierra, los habíamos “quedado” un poco marginados.

    Esta vez, el 19 de abril, la visita ha sido al llamado, también, Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Valladolid.

    Tenemos la suerte de que sea la propia  Abadesa del Monasterio, Sor Isabel, quien nos va a ilustrar sobre su historia y contenido.

    Ojalá pudiera hacer mío el verso “como nos lo contaron os lo cuento”

Un poco de historia.-

    El nombre de Huelgas, nos dice Sor Isabel, hace referencia a          una planta de siete raíces.

    Para Corominas se trata de una voz de origen celta que significa     “huertas junto al rio” o “campo fértil” y que todavía se mantiene con     este significado por la zona de Cuéllar (Segovia).

    Este sentido coincidiría con la preferencia de los cistercienses por     escoger lugares con recursos suficientes para cubrir las necesidades de     la vida monástica, y también con el dicho “Bernardus valles amabat”.

    El monasterio tiene su origen en la donación de los “Alcázares viejos”     que hizo la reina María de Molina, hacia 1280, a la Orden del Cister y     por ello se la considera su fundadora.

    El monasterio de Valladolid es posterior en un siglo a su homónimo de     Burgos. Este fue fundado para panteón de reyes por Alfonso VIII, el     vencedor de las Navas de Tolosa, el de la leyenda de la “Judía de     Toledo”.   

     En las Huelgas de Valladolid la única reina enterrada es su fundadora.

    La “Reina María de Molina muger del Rey Sancho IV el Brabo” así figura en la entrada al coro de la iglesia, la tres veces reina,

    ha pasado a la     historia como mujer noble, recia, valiente, prudente y diplomática. En su vida hizo frente y superó grandes

    dificultades, como reina, como esposa y     como mujer.

    Como reina luchó junto a su marido, por la sucesión al trono de Alfonso X el Sabio, contra los Infantes de la Cerda y sus seguidores.      

    También como regente de su hijo Fernando IV y de su nieto Alfonso XI tuvo que superar adversidades.

    Como esposa consiguió, seis  años después de enviudar, la bula pontificia que legitimaba su matrimonio con su primo Sancho IV,

    y así quedaban también legitimados sus descendientes para ocupar el trono.

    Como  mujer supo apartar del ambiente cortesano a la infanta Teresa Gil, que mantenía una buena relación con Sancho IV.

    A Teresa Gil, célebre dama  de origen portugués, se la considera, equivocadamente, como la primera abadesa de  las Huelgas de Valladolid,

    al haber aparecido un supuesto retrato suyo con hábito de monja. Pero realmente ni fue abadesa ni monja.

    Lo que si parece cierto es que fue la fundadora del convento Sancti Spiritus de Toro, al que nombro heredero de todos sus bienes

    y en el que está enterrada.

      Cada una de estas dos importantes mujeres tiene una céntrica calle en Valladolid, desde hace siglos. Tirso de Molina en la obra

    Don Gil de las calzas verdes ya menciona la calle de la dama portuguesa.

    “ y hasta en Valladolid hay Calle de Teresa Gil”

 

Los tesoros del Monasterio.-

Ø Arco mudéjar: La visita comienza mostrándonos Sor Isabel el arco mudéjar (único ejemplar en la ciudad) en la entrada

    a los viejos alcázares donados por la reina. Está construido de ladrillo y es el vestigio más antiguo que queda.

 

Ø Retablo de la iglesia. Es obra de Gregorio Fernández, (Sarria (Lugo) 1.576, Valladolid 1.636). Consta de dos cuerpos, un ático y cinco calles.

 

    En la calle central del primer piso  figura el relieve de Cristo desclavándose para abrazar a San Bernardo. En el segundo piso está la Asunción de     la Virgen  y en el ático el Calvario.

 

    Las calles adjuntas a la central presentan cuatro lienzos de Tomás de Prado.

    En las calles laterales del piso superior están representados San Benito con hábito negro, fundador de los benedictinos,

    y son Bernardo con  hábito blanco, principal impulsor  de la Orden del Cister.

    Aquí cabe decir que el hábito hace al monje. La diferencia del color, nos explica Sor Isabel, se debe a que hubo que eliminar

    los costes que suponía teñir la lana.

 

    En las calles laterales del cuerpo inferior están San Juan  Bautista, reconocible por el cordero y San José que lleva de la mano al Niño,

    seguramente camino de la escuela.

 

    En la parte superior del retablo están,  representados los arcángeles San Miguel y San Rafael, primeros patronos de Valladolid.

 

    En cuatro recuadros aparecen los Santos Padres: Agustín, Jerónimo, Ambrosio y Gregorio Mago.

 

    En la parte inferior del retablo figuran  los cuatro  evangelistas con sus respectivos símbolos.

 

Ø Capilla del Nacimiento.-

    La abadesa Sor Isabel de Mendoza fundó esta capilla en la que se encuentra su sepultura.

    La portada es un arco triunfal sobre el que hay un frontón triangular. El arco enmarca una reja de forja con el escudo de la abadesa.

    El interior esta ricamente policromado con decoraciones geométricas y vegetales.

    La capilla la preside un precioso  retablo de pequeñas dimensiones que contiene en altorrelieve el Nacimiento, obra de Gregorio Fernández.

    La Sagrada Familia aparece rodeada de ángeles y pastores.

    El autor, seguramente añorando su tierra natal, representa a un pastor empuñando la gaita gallega.

 

   A los lados hay dos pinturas: una de la Virgen  recibiendo la comunión del apóstol San Juan, y otra con la lactancia mística de San Bernardo.

 

ØSepulcro de María de Molina.- 

    Se encuentra en el centro del crucero, es de alabastro, de autor desconocido, los vestidos manifiestan influencia francesa.

    La cabeza de la reina reposa sobre dos almohadones, aludiendo a los dos reinos.

Sepulcro de la Reina María de Molina

Sepulcro de la Reina María de Molina

 

  • En el rodacoro, palabra del argot monástico, se encuentran varias obras que merecen citarse:
  • Cristo yacente, de Gregorio Fernández, refleja serenidad y humildad, tiene la característica del pie griego y la espina atravesando la ceja.
  • Crucifixión, de Juan de Juni, contrasta su poderío casi  hercúleo
  • Virgen con el Niño, conocida como “la Toledana”, por su procedencia. La virgen hace de trono del niño pero ya se insinúa una transición al               gótico por la serenidad y sonrisa que refleja.
  • Cristo crucificado, de origen alemán, hacia 1370. Sus brazos forman la i griega.
  •          El cuerpo agotado se desploma por su propio peso.
  •          El vientre abultado, reflejo de la peste de la época. El pelo ensangrentado cae lacio.
  • Dos cunas de nácar con el Niño Jesús ponen un punto delicado en esta estancia.

 

Ø Coro.- 

    Es de estilo herreriano, así lo indica su sobriedad. Las sillas tienen misericordias pero sin representaciones escatológicas.

    Todas tienen dobles reposabrazos, para estar sentados o de pie.

    Dos sillas están adornadas con dosel, las correspondientes a la Abadesa y a la Priora.

    Pero Sor Isabel, la Abadesa, que ha sido nuestra guía, prefiere en los oficios litúrgicos ocupar un asiento junto al órgano, y amenizar la misa de     los domingos con el canto gregoriano en latín. Es una delicia oírla,  porque  cumple la recomendación  de San Bernardo:

” que el canto gregoriano sea dulce, que encante al oído a fin de emocionar el corazón, que  consuele la tristeza y que calme la ira”

    Bien puede decirse copiando al poeta:quien la escuchó lo sabe”.

 

         Seguramente cuando esta reseña aparezca en la revista, ya nos habrá preparado otras interesantes visitas a la ciudad

         nuestra vocal de Cultura Marisa, gracias.

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