
LOS QUE COMEN DE LA OLLA GRANDE
Hace unos días en un diario de tirada nacional, en una carta que un lector enviaba al Director, comentaba lo ocurrido con unos compañeros que le reprochaban lo bien que están ahora, en tiempos de crisis, los que “comen de la olla grande”. Según el comunicante, funcionario del estado por oposición, se había reunido con antiguos compañeros de estudios y ante unas cañas hablaron extensamente de los “viejos tiempos”. A la hora de pagar todos dijeron: Paga tú, que comes de la olla grande, nosotros con eso de la crisis estamos fatal, pero tu sigues cobrando lo mismo y a ti no te llegará el paro.
Nuestro comunicante se defendía diciendo que tras terminar su carrera hizo oposiciones, que ganó con años de estudio, aceptó el puesto que había vacante a su ingreso, fuera de su ciudad de residencia y aunque ahora disfrutaba de mejor posición y pudo regresar a su tierra, en todos esos años había ganado bastante menos que sus compañeros, que habían tenido buenos trabajos y alto reconocimiento social.
Compartimos en parte esta opinión, los funcionarios trabajan en promedio bastante más de lo que se les supone y en muchos casos ganan bastante menos que otros profesionales del sector privado que desarrollan tareas similares y tienen parecidas responsabilidades. Pero también es cierto que eso de “comer de la olla grande” tiene sus ventajas y entre ellas la que más se nota en tiempos de crisis, como los actuales, es la de mantener el puesto de trabajo y la retribución, aunque te congelen el sueldo y disminuyan los objetivos.
Lo malo es que tal como van las cosas, nadie sabe lo que va a pasar con la “olla grande”. La crisis está ahí y por muchos conjuros que se hagan parece que se va a quedar algún tiempo. La olla ha crecido mucho en los últimos tiempos y en eso tienen culpa todas las administraciones públicas; los criterios de economía y eficacia no se han aplicado en la forma debida y mientras la economía iba bien aunque el gasto crecía se podía asumir. Lo malo es ahora, que nadie sabe de donde va a salir el dineral que hace falta para pagar todo ese dispendio. Por ahora se recurre al endeudamiento, “pan para hoy y hambre para mañana”, al decir de los más prudentes, pero lo cierto es que ya se empiezan a oír las primeras señales de alarma.
Así las cosas los que comen de la olla grande, entre los cuales se encuentran las clases pasivas y los pensionistas, tampoco lo tienen claro de cara al futuro. Habrá que ver que es lo que hay que hacer y pronto, no vaya a ser que la olla se vacíe del todo y con ello las ilusiones y esperanzas de todo un pueblo. Los políticos y la sociedad tienen la palabra.